Jueves, 15 de diciembre de 2005
Autor: Gara
El último director de «Egin», Jabier Salutregi, explicó ayer ante el tribunal que el diario abertzale no hizo nada que no hayan hecho otros medios; por ejemplo, entrevistar a interlocutores de ETA. Sin embargo, él se sienta en el banquillo por ello con una petición fiscal de doce años. En un vibrante alegato, Salutregi reivindicó la libertad de prensa y dijo que aquel 15 de julio de 1998 tanto él como los trabajadores y los lectores perdieron parte de su vida.
El juicio oral por el sumario 18/98 derivó ayer en un contundente y emotivo alegato de la libertad de prensa e información. Salió de boca de Jabier Salutregi, director de "Egin" hasta que fue sentenciado por el juez Baltasar Garzón «y por 200 hombres armados que lo cerraron cuando allí sólo había papel y tinta. La libertad de prensa es un concepto acuñado hace siglos; con el periódico cerraron parte de mi vida, y también parte de la vida de los trabajadores que estaban conmigo y los lectores que nos seguían con afecto. No quiero comentar más de eso», concluyó Salutregi en tono muy dolido y admitiendo el coste sicológico que aquella «Operación Persiana» ha dejado en él: «Estoy quemado».
La reivindicación del derecho a informar y a ser informado fue el hilo conductor de toda la declaración de Salutregi. A su inicio ya dejó claro que no respondería al fiscal «por vulnerar la libertad de expresión» y al letrado de la AVT porque «nosotros no hemos provocado ninguna víctima del terrorismo».
Durante cerca de dos horas, dejó caer que las imputaciones sobre el diario abertzale podrían extenderse en realidad a otros muchos medios, puesto que se refieren a actividades meramente periodísticas, empezando por la entrevista que él mismo y Teresa Toda, que también declaró ayer, realizaron en febrero de 1992 a José Luis Alvarez Santacristina, Txelis, en calidad de interlocutor de ETA.
Una entrevista conocida
Las acusaciones aprovechan la coincidencia de fechas entre la entrevista y el nombramiento oficial de Salutregi para argumentar que fue allí donde ETA le designó director. Para empezar, el periodista recordó que ya ejercía esta función en «cohabitación» con Xabier Oleaga anteriormente. Y, sobre todo, incidió en que el motivo por el que se reunieron con Txelis era la realización de una entrevista en un momento especialmente interesante: el año 1992, cuando ETA había anunciado una ofensiva contra las Olimpiadas de Barcelona o la Expo de Sevilla, y al mismo tiempo, recordó Salutregi, se hablaba de perspectivas de un proceso de diálogo.
Una vez sentada por Garzón la tesis de que "Egin" también era parte de ETA, para las acusaciones todo lo que rodea a esta entrevista es indicio de culpa. Por ejemplo, su extensión. Tanto Salutregi como Toda admitieron que permanecieron dos días en el lugar, pero recordaron que esto es lo habitual debido a las medidas de precaución que adoptan estas organizaciones clandestinas y a la complejidad del cuestionario. Salutregi añadió además que hallaron a un interlocutor «con una cultura enciclopédica, que abordaba todos los temas y daba mucho de sí; fue una entrevista muy rica e interesante».
Para el fiscal, también es sospechoso que la entrevista no se publicara inmediatamente. Los dos periodistas autores tuvieron que explicar que, como ha ocurrido también con precedentes de entrevistas a ETA en otros medios, es norma habitual que la organización armada embargue el contenido para realizar matizaciones o añadidos. Entre tanto, sin embargo, ocurrió algo imprevisto: Alvarez Santacristina y otros compañeros fueron detenidos en Bidart. Y entonces «nos encontramos con que teníamos unas notas de una entrevista que no era ya a un interlocutor de ETA, sino a un preso explicó Salutregi. Era una espina clavada, y cuando hicimos un periódico nuevo la revitalizamos, la personalizamos, enviamos un guión y salió publicada, no ya en nombre de ETA sino de Txelis, claro».
Se da la circunstancia, según explicó el director a preguntas de su abogado, que "El País" reveló poco después que la Policía sabía que Salutregi y Toda habían estado con el interlocutor de la organización armada. Sin embargo, nadie les imputó nada por ello, confirmándose así que no había carácter delictivo alguno en su iniciativa periodística. Hasta que, seis años después, llegó Garzón.
Por: Todo Burgos Noticias | España | Comentarios (0) | Referencias (0)
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